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..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

sábado, 6 de marzo de 2010

27 de febrero...

Es difícil no unirse al panfletarismo solidario de los medios en estos días. La verdad es que más allá de mamonería, patriotismo, proselitismos de todo tipo, creo que en este momento nuestro país necesita de todo eso. Y como este servidor no es ajeno a todo lo que sucede (sólo a algunas cosas, sobre todo cosas que incluyen hipocresía, insultos y politiquería barata a nivel nacional e internacional), he decidido escribir algo sumamente creativo, mi pensamiento sobre lo acontecido desde el 27 de febrero en adelante, y no hablo del encarcelamiento de Fray Luis de León por traducir “El cantar de los cantares” en 1572 o la también fatídica muerte de Haydn (1809), sino del terremoto que sacudió, literalmente, la zona centro-sur de Chilito este 2010.
Jamás me han asustado los temblores, tal vez porque a mi madre sí, y veía como que yo no debía tener miedo si ella lo tenía, así que ese día cuando comenzó, primero en forma suave, el remezón no me preocupé mucho, abrí los ojos, estaba en mi cama casi quedándome dormido cuando me despertó el sonido de mi colección de botellas tintineando, al sentir que no se detenía y que aumentaba el temblor me senté en la cama, en eso sentí que mi madre bajaba las escaleras corriendo y me pegaba un grito: ¡Freddy!, contesté un escuálido: ¡Ya! Y salí mientras el remezón crecía un poco más, bajé junto a mi padre y nos apostamos en el pasillo bajo un dintel de cemento. Mi viejo logró salvar su querido plasma colocándolo sobre un sillón, y al tratar de volver donde yo estaba ya el terremoto se dejó sentir en su plenitud, evitando que mi padre pudiese llegar fácilmente hacia mí. Lo tomé de un brazo y lo atraje hacía mí, quedando algo así como en un abrazo mientras todo a nuestro alrededor se movía. Escuchábamos vidrios romperse y un sonido casi ensordecedor. A través de él escuchaba los gritos de mi madre hacia mi abuela en la puerta de la cocina. Debo decir que no tuve miedo, no por valentía, sino porque realmente no le tomé el peso a lo que sucedía. De hecho no se me hizo eterno ni tan terrible, si muy fuerte, sólo eso. Cuando se detuvo recién pudimos darnos cuenta de que había sido más grave de lo que pensamos. Dos días y un poco más sin luz, aunque con suficiente voltaje pa’ ver un pequeño televisor en mi pieza nos confirmaron esa idea. Chilito se caía a pedazos. Nos impactaron las noticias del sur, los celulares no funcionaban y no sabíamos nada. Fue una larga noche.
Ahora voy a lo que dije en un principio, mi pensamiento sobre todo esto. El terremoto es un hecho terrible, las muertes y la destrucción son tristes y dolorosas, la desesperación, la falta de luz, agua y servicios básicos seguramente nos ha mostrado una de las peores caras de nosotros mismos Así como los errores de aquellos que se llenan los bolsillos con la seguridad de la gente.
El terremoto que sacudió nuestro país levantó una nube de polvo que nos cubrió de oscuridad hasta ahora, pero de apoco la luz se está filtrando entre la nube de polvo. Vemos la organización de cuadrillas en barrios y universidades, gente de todo tipo ayudando de todas las maneras posibles, más allá de bomberos, pacos, médicos, periodistas que sin duda hacen su parte, está también esa gente común, el panadero del barrio, la señora de la esquina, el flayte del barrio, el peluquero, la ama de casa, el empresario a medias, el pobre, el pobre hueón, el rico, el feo, el huacho, la mina tonta, la mina rica… y así la lista sigue. Todos ellos hacen su parte, cada cual como puede, y nos demuestra que más allá de la farándula solidaria, de la solidaridad partidista y campañista de algunos, de los programas de T.V. y del morbo noticiario, somos más que eso. Esos desconocidos salen en camiones para las regiones afectadas, sin el ansía de salir en televisión ni de tener apoyo de la gente, o ganarse un buen nombre, sino sólo por el hecho de poder hacerlo, de poder y querer ayudar. Más grande que el sufrimiento y el dolor, más grande que la tragedia, es… la Esperanza. Personalmente no me gusta la Esperanza, creo que no es algo muy bueno, por algo quedó en el fondo de la caja de Pandora. Pero acepto que algunas veces y en ciertas dosis, es necesaria, y ahora nuestro país desborda solidaridad, amistad, fuerza, ganas… Todos hacen su parte, desde una pequeña niña en Curicó construyendo casas pa’ sus vecinos, a un gigante haciendo lo propio en Santiago, otra niña que desafía a su madre y se encuentra trabajando en Parral, y otra conocida desconocida que ayuda a su gente en Talca... Yo aún no he hecho nada, no he ayudado a nadie más que con palabras, pero quiero y tengo ganas y en eso estoy, por ahora dejo este pequeño homenaje a esos héroes pequeñitos y gigantes de todos lados que se mueve por Chile, a los que encuentras de negro y en silencio, y los que festejan otro día con los pies pegados al piso, a aquellos que sufren, que se burlan, que no están ni ahí. Mi apoyo y mi fuerza para todos… sé que alguien que no está acá estaría con las manos sucias de tierra y gente, y yo no puedo quedarme atrás. Gracias a todos…

4 comentarios:

chocolate&vainilla dijo...

me emocionaste negrito... de verduras
te quiero...

::::::::::::::::::::::::::::::::::: dijo...

Atrás la preocupación y adelante con la ocupación.

Saludos

daniela dijo...

la verdad no he sentido las consecuencias del terremoto, al menos de manera significativa, sino mas bien por lo que he podido observar en las noticias. fue un gran golpe para muchas personas y observamos que esto continua, ya sea en otros lugares del mundo y aqui mismo tambien. la naturaleza esta haciendo lo suyo no mas...Lo que me queda por hacer es vivir, pero el vivir como un resignada a las cosas, sino mas bien valorando y disfrutando cada momento, como lo es talves en leer tus palabras y darme la paja de escribir..jajajja es broma
pero me refiero a mirar mas alla...

daniela dijo...

mmm oye el terremoto no fue en febrero o ando perdida?