Licencia

..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

lunes, 29 de marzo de 2010

Víspera y silencio


Es otra víspera del 29 de marzo. Me siento en el jardín de mi casa, todo oscuro excepto por la tenue luz de los postes del alumbrado. Huelo al aire alrededor, tranquilo, limpio de lo que antes, varios 29 atrás, sentía. Escucho, Recoleta en silencio, nada más que autos y micros, alguna voz rompe el aire unos segundos. Cierro mis ojos y dejo que mis recuerdos me lleven unos 6 años atrás, víspera del 29 en la calle. El olor a neumático quemado, las sirenas inundando la noche, el fuego en la cara y los gritos del cabrerío de la Africana. Los de la Pincoya un poco más atrás discuten y se ríen en voz alta. Recuerdo la voz del Pancho: – Esos weones no se asustan con na’–. Tú, sentado en la vereda con una Báltica en la mano nos miraste riendo –Ya, montón de pendejos, pa’ sus casas los weones – Nosotros sonreímos. Nos miraste con seriedad y supimos que debíamos irnos. Te dejamos caminado hacia los de Pincoya, morral sonante. Recuerdo que cuando iba caminando hacia la casa escuché la primera molo. El sonido de la sirena se hizo más fuerte. Y un humo gris comenzó a apreciarse sobre los techos recoletanos.

Entonces no comprendía el parecido entre los hermanos Vergara Toledo y tú. No pensaba en esas cosas, la muerte pa’ mí era lo que se leía en los diarios, se veía en las noticias. Pero ningún diario me dijo que habías muerto, ningún noticiero me habló pa’ entender que ya no estabas. Aún hoy parece mentira, un error tal vez. Aún no puedo ver tu tumba, sólo palabras, igual de frías que estás, me reafirman que no estás. Que al fin te callaron, pero ese silencio dice más que todo lo que yo podría gritar, escribir, publicar o decir… tu silencio, ese silencio de los Vergara Toledo, el silencio del poeta brasileño que alguna vez caminó por los pastos del Peda, el silencio de Víctor, y el de Pablo en su brutal juego, el silencio del Choro y la Flaca en su banca de plaza de armas, y del vagabundo unos metros más atrás, el silencio de Philiph, el silencio de un pueblo, de un país…

Por esta noche yo también me quedo en silencio.


sábado, 6 de marzo de 2010

27 de febrero...

Es difícil no unirse al panfletarismo solidario de los medios en estos días. La verdad es que más allá de mamonería, patriotismo, proselitismos de todo tipo, creo que en este momento nuestro país necesita de todo eso. Y como este servidor no es ajeno a todo lo que sucede (sólo a algunas cosas, sobre todo cosas que incluyen hipocresía, insultos y politiquería barata a nivel nacional e internacional), he decidido escribir algo sumamente creativo, mi pensamiento sobre lo acontecido desde el 27 de febrero en adelante, y no hablo del encarcelamiento de Fray Luis de León por traducir “El cantar de los cantares” en 1572 o la también fatídica muerte de Haydn (1809), sino del terremoto que sacudió, literalmente, la zona centro-sur de Chilito este 2010.
Jamás me han asustado los temblores, tal vez porque a mi madre sí, y veía como que yo no debía tener miedo si ella lo tenía, así que ese día cuando comenzó, primero en forma suave, el remezón no me preocupé mucho, abrí los ojos, estaba en mi cama casi quedándome dormido cuando me despertó el sonido de mi colección de botellas tintineando, al sentir que no se detenía y que aumentaba el temblor me senté en la cama, en eso sentí que mi madre bajaba las escaleras corriendo y me pegaba un grito: ¡Freddy!, contesté un escuálido: ¡Ya! Y salí mientras el remezón crecía un poco más, bajé junto a mi padre y nos apostamos en el pasillo bajo un dintel de cemento. Mi viejo logró salvar su querido plasma colocándolo sobre un sillón, y al tratar de volver donde yo estaba ya el terremoto se dejó sentir en su plenitud, evitando que mi padre pudiese llegar fácilmente hacia mí. Lo tomé de un brazo y lo atraje hacía mí, quedando algo así como en un abrazo mientras todo a nuestro alrededor se movía. Escuchábamos vidrios romperse y un sonido casi ensordecedor. A través de él escuchaba los gritos de mi madre hacia mi abuela en la puerta de la cocina. Debo decir que no tuve miedo, no por valentía, sino porque realmente no le tomé el peso a lo que sucedía. De hecho no se me hizo eterno ni tan terrible, si muy fuerte, sólo eso. Cuando se detuvo recién pudimos darnos cuenta de que había sido más grave de lo que pensamos. Dos días y un poco más sin luz, aunque con suficiente voltaje pa’ ver un pequeño televisor en mi pieza nos confirmaron esa idea. Chilito se caía a pedazos. Nos impactaron las noticias del sur, los celulares no funcionaban y no sabíamos nada. Fue una larga noche.
Ahora voy a lo que dije en un principio, mi pensamiento sobre todo esto. El terremoto es un hecho terrible, las muertes y la destrucción son tristes y dolorosas, la desesperación, la falta de luz, agua y servicios básicos seguramente nos ha mostrado una de las peores caras de nosotros mismos Así como los errores de aquellos que se llenan los bolsillos con la seguridad de la gente.
El terremoto que sacudió nuestro país levantó una nube de polvo que nos cubrió de oscuridad hasta ahora, pero de apoco la luz se está filtrando entre la nube de polvo. Vemos la organización de cuadrillas en barrios y universidades, gente de todo tipo ayudando de todas las maneras posibles, más allá de bomberos, pacos, médicos, periodistas que sin duda hacen su parte, está también esa gente común, el panadero del barrio, la señora de la esquina, el flayte del barrio, el peluquero, la ama de casa, el empresario a medias, el pobre, el pobre hueón, el rico, el feo, el huacho, la mina tonta, la mina rica… y así la lista sigue. Todos ellos hacen su parte, cada cual como puede, y nos demuestra que más allá de la farándula solidaria, de la solidaridad partidista y campañista de algunos, de los programas de T.V. y del morbo noticiario, somos más que eso. Esos desconocidos salen en camiones para las regiones afectadas, sin el ansía de salir en televisión ni de tener apoyo de la gente, o ganarse un buen nombre, sino sólo por el hecho de poder hacerlo, de poder y querer ayudar. Más grande que el sufrimiento y el dolor, más grande que la tragedia, es… la Esperanza. Personalmente no me gusta la Esperanza, creo que no es algo muy bueno, por algo quedó en el fondo de la caja de Pandora. Pero acepto que algunas veces y en ciertas dosis, es necesaria, y ahora nuestro país desborda solidaridad, amistad, fuerza, ganas… Todos hacen su parte, desde una pequeña niña en Curicó construyendo casas pa’ sus vecinos, a un gigante haciendo lo propio en Santiago, otra niña que desafía a su madre y se encuentra trabajando en Parral, y otra conocida desconocida que ayuda a su gente en Talca... Yo aún no he hecho nada, no he ayudado a nadie más que con palabras, pero quiero y tengo ganas y en eso estoy, por ahora dejo este pequeño homenaje a esos héroes pequeñitos y gigantes de todos lados que se mueve por Chile, a los que encuentras de negro y en silencio, y los que festejan otro día con los pies pegados al piso, a aquellos que sufren, que se burlan, que no están ni ahí. Mi apoyo y mi fuerza para todos… sé que alguien que no está acá estaría con las manos sucias de tierra y gente, y yo no puedo quedarme atrás. Gracias a todos…