Licencia

..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

domingo, 27 de diciembre de 2009

Zeppelin


Es tarde, de madrugada, tal vez cuatro o cinco de la mañana, quién sabe. De pronto lo despierta el sonido del rock and roll. Nota que no ha apagado el equipo y por tanto el viejo cedé de Zeppelin sigue sonando.
Reflexiona un poco antes de tomar el control remoto. Piensa en que tal vez debería irse, tal vez nunca será lo que de él se espera, que él no quiere eso que de él se espera, para ser honesto, él sólo quiere tomar su viejo y cansado morral y partir, le gustaría estar en Valparaíso, escribiendo algo a los pies del puerto, le gustaría irse lejos, construir una nueva vida, de trabajo y noches, más simple, más suya.
De pronto la aguda guitarra de Page lo despierta de sus pensamientos, se da cuenta que sigue en casa, que tiene que entrar a la universidad en marzo, y que debe, por buenas o malas, estar donde está. Sus ojos dejan de brillar y vuelven a dormir no sin antes apagar el equipo, apagar la guitarra de Page, el bajo de Jones, la batería de Bonham y la voz de Plant, justo en ese momento los acordes de Stairway to heaven le hacen recordar... sus ojos brillan por un momento, luego apaga todo y con ese gesto, también borra, su propia existencia.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Ases y suerte


La carta tiembla unos segundos en su mano, intercambia una insolente mirada con su contrincante y sonríe maliciosamente. Sólo necesita que su oponente no tenga un As, si no lo tiene, ella habrá ganado. Está confiada, sus labios no pueden evitar esbozar una sonrisa. Su oponente la mira serio, eso la hace confiarse aún más; ella piensa en todo lo que obtendrá: un buen dinero, tal vez un buen sexo con su marido como hace mucho tiempo no sucede. De pronto, su contrincante comienza a mostrar sus cartas; un diez, ella simplemente sonríe nerviosa; un Jota, un sudor frío recorre su espalda; una Reina su sonrisa cambia bruscamente a un cuasi espasmo cadavérico; un Rey, todos sus sueños se van a la basura, seguramente a ese Rey le seguirá el maldito As, lo único que podría perjudicarla y el muy maldito se atreve, ahora ella perderá, no tendrá dinero y probablemente la discusión con su marido la llevará al divorcio. Entonces, la última carta de su adversario vuela hacia la mesa, la espera entre el vuelo y el aterrizaje en la mesa se le hace eterna, casi no puede contener el llanto; la carta al fin cae, un dos. Ella sonríe feliz, ya no contiene las lágrimas, toma todo dinero, cartas, tragos y se va feliz a su casa. Al llegar su marido la espera, colgado del fierro más alto de su hogar por su demora.

lunes, 21 de diciembre de 2009

El eternauta


El Eternauta detuvo un momento su astral viaje, posó su pequeña nave sobre una blanca nube, y desde las alturas observó hacia abajo, hacia la tierra que él abandonase hace tantos siglos, y de la cual no tenía noticia ninguna. Con su singular casco pudo ver de manera microscópica cada detalle de la ciudad que yacía kilómetros bajo sus pies. A su alrededor todo era silencio. Su penetrante mirada recorrió la ciudad en cosa de minutos, pasó por los barrios más lujosos de la capital, con gran alegría observó familias jugando en parques, almorzando en grandes mesas entre sonrisas y bormas, parejas caminando de noche a la luz de los faroles. De ahí pasó a los barrios medios, vio el trabajo de las dueñas de casa, la simpleza de las comidas, el esfuerzo de los padres y el cariño de los hijos. Sus ojos dejaron la pequeña, pero acogedora casa de clase media y se fueron a los barrios más bajos, a las poblaciones y a las tomas. En las pequeñas casas de palos y cartones escuchó el silvido de las balas, vio el miedo en los ojos de los pequeños de sucia cara, sintió el calor de las camas y piezas repletas donde hijos, padres y abuelos se mezclan en un dormitado abrazo, en la misma cama, como si la vida se les fuera en ello. El Eternauta, algo cansado, dicidió dar un último vistazo a la ciudad al completo. En un giro de sus ojos pudo verla en su totalidad, pasó desde hospitales a potreros, desde departamentos hasta estaciones de policía, desde las cárceles hasta las plazas... y en una de estas últimas se detuvo. En una pequeña plaza citadina, rodeada de edificios y avenidas, encontró lo que buscaba. Entre el esacaso pasto, un pequeño niño de dos o tres años, escrutaba con sumo interés un hormiguero, lo observaba tendido en el suelo, y pareciese que para él nada más existía. El Eternauta lo observó aún con más interés, y de sus labios escaparon cuatro palabras que se perdieron entre las nubes: "Ese es el próximo".