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..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Accionar la causa del efecto intentado

“Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: o sea, las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en direcciones opuestas.”

Tercera ley de Newton: Ley de acción y reacción.



Miró el revolver frente a él, lentamente lo cogió en sus manos, de a poco introdujo una a una las balas con la lentitud propia de los que se saben condenados. Pensó una vez en lo que estaba haciendo. Recorrió mentalmente todos los caminos que lo habían llevado a esa decisión, a ese momento. Cada acción tiene una reacción, eso plantea la tercera ley de la física, ¿por qué habría de ser distinto esto? Lo que se preguntaba era si lo que estaba haciendo era la acción o la reacción… tal vez era las dos. Es cierto, un montón de casualidades no tan casuales y planes no tan planeados lo había llevado a este momento, pero también lo que estaba a punto de realizar tendría un sin fin de reacciones: el llanto de ella, las risas de ellos, el cuestionamiento eterno de aquel destino odiado y la incapacidad de dejar ser quien es. Sonrió un momento, sonrío, porque era absurdo pensar lo que estaba pensando, en unos minutos más ya no importaría, todo habría terminado, una bala atravesaría su cabeza, no tendría más control de sus actos y todo lo que pudiese pasar ya daría igual. Pero, ¿y si no era así? Si después de todo había algo más, si tuviese que rendir cuentas a todos y cada uno a los cuales les había fallado. La lista era larga. Volvió a pensar en lo inútil de todo eso… llevó el viejo revolver a su cien. Le habían dicho que era mejor en la boca, más seguro… pero siempre prefirió el dramatismo de la pistola en la cien. Un sudor frío recorrió su frente. ¿Cuál había sido la acción determinante en todo esto?, ¿había sido simplemente aburrimiento?, ¿rutina?, ¿la consabida victoria final del lobo? De nuevo, ya nada de eso importaba… Presionó el revolver contra su cien. Quitó el seguro mientras una lágrima se le escapó vilmente. Puso lentamente el dedo en el gatilló. Presionó fuerte, pero seguro… Un disparó resonó quebrando el aire. Despertó varios días después, aún con vida. Las salvas en el arma sólo quemaron su rostro dejándole una marca que llevaría de por vida. Cuándo le explicaron que las balas en el arma no eran de verdad no pudo evitar desatar una risa entrecortada… y finalmente, no pude hacerlo, pensó, mientras ella lo miraba con esa ternura eterna desde el dintel de la puerta. La tercera ley expone que por cada fuerza que actúa sobre un cuerpo, éste realiza una fuerza de igual intensidad y dirección pero de sentido contrario sobre el cuerpo que la produjo… Al fin lo comprendo, dijo en voz alta… secándose la lágrima que aún corría por su mejilla.

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