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..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

lunes, 7 de julio de 2008

Intermediario

Hace tiempo que no actualizaba esto, más por falta de ganas que por falta de textos. De a poco iré subiendo lo último que he escrito (incluyendo el tan mentado cuento sobre la toma). Saludos y abrazos a todos los que pasen por este blog. Carpe Diem.

Intermediario



El Negro ofreció su mano al pequeño; el niño, desconfiado, la tomó lentamente; el negro sonrió y un resto de malicia se escapó en su gesto; el niño volvió a esconder su mano, dudando; el Negro volvió a poner serio su rostro y estiró un poco más la mano, esta vez el niño, luego de una ojeada hacia atrás, la aceptó, estrechó la mano del negro en la suya, decidió no volver a mirar atrás nunca más en su vida, ya nada importaba, sólo sobrevivir. El Negro guardó, con su mano libre la navaja en su bolsillo, tomó del suelo la cartera de la mamá del niño y luego de buscar un poco alrededor tomó, también, la billetera del padre; el niño miró por última vez a sus padres en el suelo, debajo de ellos la sangre manchaba la obscura callejuela del Salto. El niño los miró, sin pena, sin rabia, aceptando su destino a su corta edad, el Negro lo miró con una extraña mezcla de melancolía y esa mirada de saber por lo que estaba pasando, de pronto largó a caminar llevándose al niño con él, el niño no volvió a mirar atrás, ahora todo sería distinto, ya no sería médico o astronauta, ya no jugaría con sus juguetes ni iría al colegio o a la universidad, ahora la calle sería su escuela y el Negro el mejor maestro que podría tener. El Negro sólo lo miraba de reojo, dobló por una esquina y se metió en la Sándwicheria de Don Juan, dejó al niño en la barra y pidió una cerveza, una bebida y dos italianos, mientras él iba al baño a lavarse la sangre de las manos, contó los billetes de la cartera y la billetera y luego de guardarlos tiró ambas al tacho de la basura. El niño lo observaba con increíble seriedad para su edad, Don Juan se le acercó, italiano en mano, y le entregó la bebida con una enorme sonrisa, el niño aceptó ambas cosas, pero no la sonrisa, no podía responderla, no podía sonreír de nuevo, nunca podría, la vida se lo había quitado junto con sus padres, el Negro fue el intermediario.