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..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

domingo, 30 de marzo de 2008

Platea y sus sombras



30 de agosto, 479 a.C. Orillas del río Asopo, faldas del monte Citerón. Batalla de Platea.

El espartano se levanta algo mareado, el anterior golpe, dado por una lanza en su escudo, lo había desestabilizado, de pronto escucha la voz de su capitán: "¡Espartanos, avancen, comanden a los atenienses!". Rápidamente el guerrero corrió a sus filas, tomando su lanza que descansaba en el suelo. La falange avanzó por el centro del campo, los persas los rodearon, pero su estrategia era impenetrable, cientos de persas cayeron ante la escuadra espartana, él mismo había acabado con más de veinticinco persas. El estruendo a su alrededor era increíble. Sentía el polvo pesado bajo sus pies, su capa espartana era pisada incontables veces tanto por los enemigos persas como por los novatos guerreros atenienses, haciéndole difícil mantener su posición en la falange. De pronto una flecha golpeó con fuerza su escudo, esta vez no cayó. Siguió adelante, su lanza por sobre su escudo, clavándose en las débiles corazas persas. Otra flecha rozó su casco, era buena señal, probablemente se acercaban a algún capitán persa, de pronto escuchó nuevamente la voz de su capitán, entre el bullicio de la batalla: "¡Espartanos, falange cerrada!". Los escudos chocaban entre sí mientras se cerraba la falange, la idea: no dejar pasar ni una flecha, ni una lanza, ni una espada persa. Avanzaron un poco más de esta forma, mataban menos pero se acercaban más a su enemigo, cada cierto tiempo una oleada de persas les caía encima, bloqueando su paso, los espartanos, al grito de su capitán, levantaban el escudo al mismo tiempo y las lanzas, acostumbradas a pasar por arriba, esta vez iban por debajo, haciendo caer a todo aquel que se les interpusiera.
El guerrero sentía el cuerpo pesado, la batalla había empezado hace tres días y aún no se veía que llegase a un final, las tropas persas eran superiores en número, pero las tropas griegas tenían a los espartanos, los mejores guerreros de toda Grecia, y tal vez, del mundo. Eso, además de poseer el mando del gran estratega Pausanias.
Ya llevaban más de tres horas en combate, a pie firme y en terreno persa, de sus docientos compañeros espartanos sólo habían caído unos veinte, los atenienses no habían tenido la misma suerte y ya quedaban muy pocos a su espalda, novatos. El guerrero había perdido su lanza, clavada en el estómago de un caballo persa del cual no pudo sacarla, ahora continuaba con su espada, una fina espada espartana, igual a la de sus compañeros, hecha a fragua para el combate cuerpo a cuerpo, le gustaba. De pronto su falange divisó al capitán del sector persa, ya caía la noche, pero se podían apreciar sus brillantes ropas, persa engreído. A una orden del capitán la falange se separó, dejando sólo en el centro a los asustados atenienses, los persas les cayeron encima, masacrándolos, el plan funciona. Ambos grupos continuaron avanzando, rodeando al iluso capitán persa que aún no sospechaba, los persas caían a sus pies, gritando. Esto había sido muy fácil, pensaba el guerrero, los persas sabían de la superioridad espartana en combate, debido a la infame batalla de Termópilas y al gran Leónidas. Por tanto, era extraño que los dejarán avanzar tan fácil, sin mandar arqueros o caballería pesada. De pronto, el guerrero levantó su casco, le pesaba, un abollón a un costado producido por un golpe de espada le impedía ver bien, sobre todo hacía arriba. Fue entonces cuando se dio cuenta, en su avance en busca del capitán persa no lo habían notado, pero estaban rodeados por un pequeño cordón rocoso proveniente del monte Citerón, el guerrero imaginó la treta cuando la voz de un compañero lo despertó de su letargo: "¡Arqueros!". El cordón rocoso pronto se vio lleno de arqueros, estaban rodeados, era imposible salir de ahí, imposible evitar la muerte, lo único posible era decidir la forma. El capitán espartano, dando la espalda a los persas y la cara a sus guerreros los animó: "Espartanos, busquen la forma de morir, busquen al capitán persa, que no se diga que morimos en vano". Pronto, el aire se vio repleto de flechas persas, tanto los espartanos como los pocos atenienses e incluso los mismos persas caían ante ellas, el guerrero aún estaba en pie, espada en mano se negaba a morir sin ver al capitán persa en el suelo, las flechas pasaban silbando a su alrededor, sentía la capa pegada a la transpiración de su espalda, sus manos ensangrentadas, sus pies heridos, el sudor bajo el casco... de pronto vio al capitán persa, se distinguía perfecto en su caballo, por sobre los persas, si tan sólo el guerrero tuviera su lanza. Buscó en el suelo alrededor, no había nada, sólo unas cuantas lanzas rotas, inútiles, necesitaba una perfecta. Mientras buscaba, sus manos seguían luchando, defendiéndose de forma autómata, los persas caían a su alrededor, sus gritos llenaban el aire, al igual que el silbido de las flechas que hacían caer a sus compañeros. De pronto el guerrero la vio, en el pecho de su capitán, que yacía muerto sobre una roca, la lanza que buscaba. Corrió hacia ella, esquivando las flechas y a los enemigos que intentaban matarle, llegó a los pies de su capitán, cogió con ambas manos la lanza en su pecho, girándola, y de un sólo tirón la sacó. Giró viendo pasar una flecha que rozó su nariz, preparó el tiro, la lanza casi resbala por la sangre persa en sus manos, pero la contuvo, buscó con la mirada al capitán persa, ahí estaba, gritaba ordenes en un idioma inentendible. El guerrero lanzó su tiro, encomendándose a cada dios que recordaba, la lanza cruzó el cielo de Platea, pasó por encima de más de diez persas y espartanos, pasó por sobre la encarnizada lucha, olvidándola, sólo para recordarla después, al caer, clavándose en el pecho del capitán persa. Eso fue lo último que vio el guerrero, una flecha que pasó por entre el visor de su casco cerró sus ojos, para siempre.



4 comentarios:

Ghritian Pigmeo dijo...

Me encantó, amigo Freddy, me mantuvo dentro del mundo desde la fecha hasta el cerrar de los ojos del guerrero.... genial.

Me gustó mucho tu relato... pareciera que tu estuviste ahí, y que incluso tu eras el protagonista jajajajaja, en serio muy buenas descripciones, pude imaginar todos los acntecimientos, incluso percibir olores (en serio), te pasaste.


Nos vemos Freddus... sigue escribiendo ;)

chocolate&vainilla dijo...

felicitaciones amor, te pasaste, cuando me lo contaste quedé curiosa, no pude esperar hasta mañana para que me lo leyeses...

me encató la descripción...me recuerda mucho la película 300, pero al mismo tiempo tiene tu toque personal,en cualquier parte lo hubiese reconocido como escrito tuyo....

de verdad que me encantó

eres un gran escritor Freddy Fuentes...

te amo

firiel dijo...

La idea es buena. pero creo, en mi humilde opinión, que hay q darle ciertos retoques, te los explico cuando te vea.
Tampoco es tanto.


besos padre... gran imaginación

firiel dijo...

yo poh... actualizate