Licencia

..."Las palabrsiempre retendrán su poder"...

lunes, 30 de julio de 2007

La fábula del pequeño Rey

Era una vez un pequeño Rey que vivía en un pequeño reino, tras pequeñas montañas, cruzadas por un pequeño río, este pequeño Rey tenía un pequeño castillo rodeado de pequeños árboles, y mucha gente pequeña que para el trabajaba, además de pequeños perros que cuidaban de que ningún pequeño intruso en sus pequeñas tierras se adentrara.

El pequeño Rey sentado en su pequeño trono a todos sus pequeños súbditos ordenaba que hicieran tal o cual cosa y estos rápidos acudían ya que los castigos que daba el pequeño Rey cuando no le obedecían no eran tan pequeños como su reino, su castillo, sus perros, su trono o el mismo creían.

Un pequeño día en que el pequeño Rey se divertía cobrando los pequeños impuestos (que no eran tan pequeños) a sus pequeños siervos, mientras sentado en su pequeño trono comía de un no tan pequeño banquete sin darle ni una pequeña hogaza de pequeño pan a la pequeña gente que delante de el desfilaba para proporcionarle el pequeño pago, una pequeña mujer de la nada apareció llorando, mi rey dijo; he venido de muy lejos de su pequeña tierra para que me otorgue una pequeña ayuda, el pequeño Rey viendo la escena de la pequeña mujer vestida con pequeñas y andrajosas ropas, de rostro sucio del cual brotaban pequeñas, pero fluidas lagrimas exclamo: ¡Guardias retiren a esta vagabunda de mi presencia y déjenla en la afueras de la ciudad, no quiero gente de esta calaña en mi reino!. Los pequeños guardias se miraron consternados por el egoísmo del pequeño Rey, pero temiendo una represalia en su contra tomaron a la pequeña mujer de los pequeños brazos y comenzaron a arrastrarla hacia fuera, cuando la soltaron a la salida de la pequeña ciudad y antes de que se cerraran la pequeñas puertas la mujer grito: ¡Su majestad haré guardia día y noche tras esta puerta hasta que decida escucharme! El pequeño Rey no se inmuto con la declaración de la pequeña mujer y siguió cobrando sus “pequeños” impuestos y comiendo de su “pequeño” banquete.

Así el tiempo corrió en el pequeño reino para el pequeño Rey que seguía en su pequeño castillo y para la pequeña mujer quien seguía a las afueras de la pequeña ciudad sentada en una pequeña tienda, la pequeña gente del pueblo se fue sintiendo cada vez mas triste por la pequeña mujer y poco a poco fue acercándose a ella para preguntarle a que venía a la pequeña ciudad y para entregarle un pequeño paquete con alguna clase de pequeña comida que la mujer rechazaba amablemente, y respondía que lo que la traía al castillo solo le incumbía al pequeño Rey y a ella, cada vez más gente compartió con la pequeña mujer y los mas valientes trataron de hablar con el pequeño Rey para que le concediera una entrevista a la pequeña mujer, pero cada vez que alguien iba al pequeño castillo e intercedía por la pequeña mujer el pequeño Rey mandaba a sus pequeños verdugos a arrestar al pequeño valiente.

Esta pequeña situación hizo que el pequeño pueblo empezara a guardar un pequeño sentimiento en sus pequeños corazones hacia el pequeño Rey que no se daba cuenta que sus pequeñas acciones estaban dirigiéndose en su contra. Un pequeño día un pequeño campesino fue a dejarle un pequeño plato de comida a la pequeña mujer afuera de la pequeña ciudad y se encontró con que la pequeña mujer estaba muriendo, la pequeña mujer miro con ojos tiernos al pequeño campesino y con una pequeña y suave voz le dijo: ya es hora, traedme al pequeño Rey, antes de morir. El pequeño campesino sabiendo que el solo no podría convencer al pequeño Rey de que hablase con la pequeña mujer, fue donde sus pequeños conciudadanos y le dijo: ¡La pequeña mujer muere, ha llegado la hora de hacer que hable con el pequeño Rey!, Los pequeños ciudadanos se miraron sorprendidos por la seriedad del pequeño campesino, y le preguntaron como harían para que el pequeño Rey les hiciera caso, el pequeño campesino bajo la cabeza en señal de no tener respuesta, entonces una muy pequeña y frágil voz surgió de entre lo mas recóndito del pueblo: Re…vol…ución. El pequeño pueblo se dio vuelta asustado por la extraña y prohibida palabra que acababan de escuchar y querían saber de donde provenía esa osada idea, entonces vieron que salía de un pequeño niño sentado en el suelo frente a un pequeño tarro con dos o tres pequeñas monedas que al verse observado por el resto del pequeño pueblo, como pudo se puso en pie y subiendo unos pequeños escalones miro a los pequeños habitantes y con mas decisión que antes dijo: ¡Revolución! Y ante la sorpresa de todos los pequeños presentes prosiguió con una voz ya no pequeña y débil como la primera sino cobrando cada vez mas fuerza: ¡Revolución!, ¡Revolución!, ¡Revolución!, entonces el pequeño campesino, se unió al grito del pequeño, y poco a poco el pequeño pueblo entero gritaba la consigna, la cual pronto llego a los pequeños oídos del pequeño Rey, que se asomo al pequeño balcón del pequeño castillo situado encima de un pequeño cerro a cuyos pies se situaba la pequeña ciudad de la cual salía el pequeño pueblo en masa con dirección al castillo, el pequeño Rey desde su pequeño palacio trato de convencer al pequeño pueblo de que se detuviera o mandaría a sus verdugos, pero estos tomaron al pequeño Rey en andas y lo arrojaron por el balcón para que cayera frente al pequeño pueblo que ya no era pequeño sino muy grande, tan grande que con solo sus pisadas lograron destruir el pequeño castillo y la pequeña ciudad por completo, el pequeño Rey aterrorizado por los gigantes fue tomado en mano del pequeño, ahora gran campesino que lo llevo de dos zancadas a las afueras de la otrora cuidad donde estaba la pequeña tienda de la pequeña mujer y fue obligado a entrar bajo amenazas de los gigantes entre los cuales estaban sus propios verdugos. El pequeño Rey al entrar en la pequeña tienda vio a la pequeña mujer quien con un rostro tierno lo miraba, el pequeño Rey molesto por la mirada inexplicable de la pequeña mujer le dijo: Ves lo que has hecho, ves lo que provocaste con tu porfía, ahora mi pequeño pueblo es gigante y me odia, todo por tu culpa, dime que quieres y déjame en paz. La pequeña mujer miro al pequeño Rey a los ojos y su mirada hizo bajar los pequeños ojos del pequeño Rey hacia el suelo, luego de esto y muy seria le dijo: Yo no tengo la culpa de lo que ha pasado y lo sabes pequeño Rey, la culpa la tienes tú y tus terribles acciones hacia tus pequeños súbditos, ellos se han dado cuenta de tu maldad y egoísmo al rechazarme sólo por mi aspecto y pobreza y se han revelado, pero sin embargo te quieren y te han traído hasta aquí para que te redimas, ahora te contare por que vine, yo vivía con un pequeño y buen hombre en las afueras de tu pequeño reino, éramos felices cultivando la pequeña tierra, y criando pequeños animales hasta que un día tu lo mandaste a arrestar por no pagar los impuestos, él te explico que era por que había muerto su pequeño padre, pero tú no lo escuchaste y lo mandaste al pequeño calabozo, cuando mi pequeño hombre no volvió a casa supe lo que había pasado y decidí hablar contigo para que lo dejaras libre, logre juntar el dinero vendiendo mis pequeñas tierras, mis pequeños cultivos y los pequeños animales, y cruce las pequeñas montañas, el pequeño río y los pequeños bosques para llegar a tu pequeño castillo, pero tú en tu egoísmo ni siquiera me escuchaste y me echaste fuera de tu ciudad para que muriera de hambre, ahora en mi muerte solo te pido pequeño Rey que liberes a mi pequeño esposo, aquí esta el dinero que pediste. Y la mujer estiro su pequeña mano en la cual tenía un pequeño saco con pequeñas monedas de oro el cual dejo en la pequeña mano del pequeño Rey quien no pudo contener las lágrimas y soltando el saco tomo en sus brazos al la pequeña mujer y la abrazo con todas sus fuerzas, esta al sentir el abrazo del pequeño Rey murió y su cuerpo desapareció en los brazos del pequeño Rey, luego éste salió de la tienda y le dijo al gran campesino que por favor lo llevara a su castillo, el campesino tomo en su gran mano al pequeño Rey nuevamente y seguido por todo el gran pueblo lo llevo devuelta al destruido castillo, el pequeño hombre al ser dejado en el suelo miro con desesperación al rededor, pero de pronto una pequeña sonrisa brotó en su rostro al ver el pequeño calabozo aún en pie, corriendo llegó hasta la pequeña puerta y sacando una pequeña llave de su bolsillo la abrió, viendo adentro a un pequeño hombre sonriente, quien antes de que el pequeño Rey hablara le dijo, no me explique nada, solo haga lo que tiene que hacer, le doy gracias a usted y a mi pequeña mujer le agradeceré cuando la vea, ahora puedo morir en paz, adiós, y el cuerpo del pequeño hombre desapareció tal como lo hiciera en la tienda el de la pequeña mujer. El pequeño Rey de pronto entendió todo lo que había pasado y se arrepintió de sus acciones, entonces sintió que su cuerpo de pronto crecía, y se hizo grande, tan grande como sus súbditos, que desde ese día ya no serían súbditos nunca mas, sino sus amigos, sus hermanos, con los que forjaría un nuevo reino, mejor y mas grande.

lunes, 9 de julio de 2007

La Muerte y Yo


Alguien me dijo que no usara la típica imagen de la calavera con capucha para representar a la muerte, por lo mismo esta imagen me llamó la atención (y lo sigue haciendo).
Siempre me ha interesado el tema de la muerte y su omnipresencia en la vida. Aunque suene irónico, es así, no hay día en que al menos por un segundo no pensemos en ella.Es nuestra compañera en este juego que es la vida, es el fin último de esta, todos nuestros esfuerzos se dirigen a complacerla, porque es inevitable encontrarnos con ella. Es como si fuera un fiel perro guardián que nos hace compañia siempre, y que al final del camino nos seguirá donde vayamos.
Pero, me pregunto que pensará la muerte de todas estas divagaciones acerca de su persona, me pregunto si leerá mis palabras atenta, se reíra burlona al entrar a este blog o simplemente ignorará mis comentarios, o tal vez se los tome personal y le molesten, tal vez no le gusten y venga a buscarme mientras duermo, sí es así espero me dé tiempo de conversar una palabrita con ella antes de llevarme (tal vez logre convencerla de no hacerlo). Siempre he pensado en lo genial que sería conversar con la muerte, porque ella a conocido a los personajes más importantes de la historia en su momento más real, más humano, en la muerte, donde desaparecen todas las mascaras y caretas y te muestras tal cual eres. Preguntarle por ejemplo que pensó el Che antes del último suspiro, o Einstein cuando llegó su hora, o ¿por qué no? preguntarle sí al final ese obscuro personaje de nuestra historia pidió perdón por sus errores, o se mantuvo tan estoico frente a tan cruel personaje...Creo que sería interesante, preguntarle si no está cansada de la muerte, es decir, de ella misma
. Preguntarle que opina de la vida, que opina de la gente, de los perros y de los autos, saber como piensa la muerte...¡ esperen! alguien golpea a mi puerta, tal vez es ella, tal vez desde su computador omnipotente ya leyó mi escrito y viene a contestar las preguntas que he planteado...o tal vez viene a censurarme... será mejor que termine de escribir y luego abra... quien sabe, quizas luego no pueda terminar de hacerlo...los golpes se hacen más fuertes... creo que sí, es ella... que mis letras queden de testigo si algo sucede...iré a abrir...espero estar aquí mañana, si es ella ( los golpes prosiguen más fuertes) y responde mis preguntas escribiré que respondió... si no... no olviden mi funeral.

sábado, 7 de julio de 2007

Su juego favorito...( continuación por Connie)


...su sonrisa es maliciosa, es cómplice, es incriminatoria y ella comienza a temblar, siempre empezando por su labio y luego, es su cuerpo entero. Se sacan las máscaras y comienzan a besarse como si ese fuese el ultimo beso de su existencia. Los juegos son múltiples y sin embargo ese lugar siempre se transforma en su reino, en su cama, en su aposento de diosa en práctica, denominada así por él y por un par de parlanchines del dial. Fundidos en uno ya ni el aire cabe entre ellos, un beso tras otro, besos que los desvisten y los visten otra vez, besos en la espalda, en el pecho, en el vientre, en los hombros… algo que ni el mejor diseñador podría crear y es ahí, al otro lado de la puerta, en la vuelta de la llave donde comienza el verdadero juego, cuando ese correteo termina y cuando ella se da cuenta que de esos labios no podrá huir jamás…

viernes, 6 de julio de 2007

Su juego favorito

Todo empieza cuando se miran, ella sonríe, el juego comienza. Él intenta besarla, ella lo esquiva, arranca. Él la persigue, la toma, intenta de nuevo, ella vuelve a rechazar su beso, se aparta, lo empuja. Él la encara nuevamente, intento tres, ella apenas si logra escapar. De pronto se ve arrinconada, sólo le queda una escalera, sube el primer peldaño y en un descuido él logra besarla, sus labios se funden en uno, el beso comienza lento y se hace cada vez más rápido, más necesario, más desesperado. Los labios y lenguas no se despegan, suben la escalera, atraviesan el pequeño pasillo, entran a la pieza, ella cierra la puerta, él sonríe.